Para que falleciera, para que fracasara,
tuvieron que conspirar varios.
¿Qué hay de malo con el gato macho?
Estaba Esteban cien por ciento seguro de que nunca llegó
a suceder —dije yo, dijístelo tú—
(a un menor de trece años).
Tienes que padecer al monstruo. Ciertamente,
la perspectiva artística y la conciencia del coleccionista forman
parte de un mismo erotismo (¿eso es neutral, es eso un tanto que te puedes llevar
de tarea?)
He tenido tanta necesidad de adquirir productos
de color tal, tal, y tanto, que hasta
mi hermana (¿qué es eso que me hizo escuchar
al comienzo?) me agradeció ser una de las voces de la razón
(razonal) en este mar de odio.
De no haberle disparado a Lohengrin desde los cielos,
no hubiese representado un problema ver tu luz.
No es nuestro deber decidir quién irá a ella, a la luz.
Cuando nos vamos de esa puerta, nos vamos:
tu oportunidad para explicar, tu voz
para decir cómo y por qué pasó se va a acabar al irte de esa puerta.
El arco tendrá la misma maldita infinidad que impulsa la tierra.
De vez en vez debes escardar (desmalezar) el jardín.
O cada que un menor cae como la hoja frente al aliento del caribú,
ese menor quiere ser su propio brazo que lo arrulle:
Para que viva, tiene que caer. Aunque no te lo dice:
No quiere la continuidad, pero quiere la caída.
“Relación”
Once nothing
was left to
desolate
we saw nothing left
and were
distraught.
And we compared silence and silica: ours both,
and found a gash shared
by no one, but this:
flayed arms of the honeycomb,
joy the wound
of the womb's flower.
—
The world had weaved a gate that admitted this
in us;
grins tempered
in the sirocco,
for once uttering—the branch—the
incipiences of its threat:
From the seas (or from the deserts).
“Relación”
Una vez que nada
quedó por
desolar
vimos que nada quedaba
y eso nos
acongojó.
Y comparamos silencio y sílice: ambos nuestros,
y descubrimos un tajo que nadie
compartía, sino esto:
desfollados brazos de la colmena,
dicha la herida
de la flor del vientre.
—
El mundo había tramado una verja que admitió esto
en nosotros;
en el siroco
las muecas se suavizaron,
para variar pronunció—la rama—lo
incipiente de su amenaza:
Desde los mares (o desde los desiertos).
Pero en cuanto la isla se desvaneció
en aire azul…
Tras hablar la canción — sola para mí.
Al no ser su padre, siempre escuché.
Si carecen de sangre (si por ella azorados, secuestrados),
¿serán estos pocos también—
hileras quedan—
quienes ante la muerte se sonrojan?
Minutas espinas en minutas manchas de alma.
Descansa el mediodía.
Cima tropical de la pirámide.
Bostezos en el cóncavo casco
— diestra caricia o cadáver.
¿Fue tu piedad realmente excepcional?
Cuando a tu afín hermana destituyes:
¿se regocijará
al fibroso aliento?
De las letras de las que la madera
cobró forma,
empaló al mar.
Hedor de localidades: sebosa piel de la foca.
No pensaron: antes que esto.
Pupilas que lividecen; reducción de Aurora.
Los dignos suicidas trazaron una raya desnuda
al vagabundear entre cotizados
platos marinos, negativos ilícitos del delito.
Provócanos a sed
incomún—
Hermanas del promontorio— hacia este
farallón sin fondo donde el roquero azul canta y
a las olas calma.
¿Dejas tu puerta abierta
y la mía
buscando los obvios y turbadores dedos de los
que pendan mis miembros?
Tu propaganda fue siempre vulgar y capaz.
Al no ser mi padre,
escuchaste.
Cuatro copas de sangre estéril,
y el ínfimo dios a quien le regateo.
But scarcely had that island
faded in blue air. . .
After the song spoke — to me only.
Not being their father, I always heard.
If bloodless (if bloodheld, sequestered by),
will these few
be as well—
rows remaining—
the blushing dead?
Tiny thorns on these tiny specks of soul.
Repose of noon.
Tropic tip of the pyramid.
Yawnings in the concave hull
— skilled caress or carcass.
Was your mercy really exceptional?
Ousting your nearest sister:
will she joyce
in the fibrous breath?
Out of the letters of which
the wood took shape,
impaled the sea.
Stench of locales: fat fur of the seal.
They did not think: before this.
Paling pupils; Aurora’s reduction.
The worthy suicides drew a naked line
vagabonding between desired
dishes of the sea, illegal negatives of crime.
Arouse us to thirst
uncommonly—
Sisters of the promontory—this bottomless
bluff where the blue thrush sings,
soothing the waves.
Do you leave open
your door
and mine
seeking the obvious, menacing fingers from
which my limbs to dangle?
Your propaganda was always crude, capable.
Not being my father,
you heard me.
Four cups of barren blood,
and the lowly god with whom I bargained.
Incapaz hoy
de traicionar el sentimiento que te inspiró.
Como dioses, vivieron
con el corazón intocado por el trabajo,
y para ellos preciados. La vejez
jamás se manifestó, sino que de miembros vivaces
y lejos del enfermar —
en el festín se regocijaban.
Durmiendo morían, y todo lo provechoso les era
suyo
conforme el fruto
entregaba la tierra.
En todo querer provistos, y paz —
en rebaño y gamón pudientes,
alguna vez Proteo —justo también Artemisa—
tu flagrante mano
balanceó la puerta
al desmesurado rojo
que pastas.
Unable today
to betray the feeling that inspired you.
Like the gods, they lived
with hearts untouched by work,
and dear to them. Old age
never appeared, but lively-limbed
instead,
and far from ills—
they feasted.
They died in sleep, and all good things were
theirs
as the land
gave its fruit.
In every want supplied, and peace—
rich in flocks and asphodel,
once Proteus —just as well Artemus—
your unabashed hand
balanced the door
to the outsized red
you graze.
“On the Occasion of a Loved Being’s Death”
A. C.
When the rus-breasted hummingbird
breaks through the gate of wide-arched
Spring
and joins no band and binds
no fear to the resinpine
of its bi-hearted heart,
commiting its life to the balm
on which it gravitates — it
makes an impression,
as it does today again
when the world breaks behind
in Fall
and hears the early ink rustle out the leaf
and drop undressed,
taking south,
ruefully,
we know,
in irrepressible flight.
“Celan”
The sands
shift your weight
to glass.
The minute
of an eye—
corpus-
cular hence—
each one
of them.
“Celan”
Las arenas
desplazan tu peso
hacia el vidrio.
El minuto
de un ojo—
corpus-
cular por tanto—
cada uno
de ellos.
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